Esta historia pasó, pasa o estará pasando en algún momento, fuera de ésta realidad. Aquí no existe lo que se conoce como verdadero o falso. Bien se dice que por millones de años, el hombre vivió como un animal, pero hubo un suceso mucho más allá de nuestra imaginación que lo cambió todo.
Aprendió a hablar.
El planeta Tierra, habitado por millones de personas, no es mas que la 1/000001 parte del universo. Somos tan pequeños, pero a la vez tan complejos que no podemos identificar la causa, por que ésta se hace a su vez, más pequeña y más pequeña.
Si identificamos que las bacterias son organismos de vida que se reproducen y forman colonias de bacterias, qué es lo que estará pasando en la realidad de estas bacterias.
Nos podríamos imaginar a las bacterias, como pequeñas orugas, que conviven las unas con las otras, para un fin. La enfermedad, la podredumbre, la descomposición, el atrofio. Pero tienen vida y desafortunadamente, existen.
Pero hoy no estoy para contar esas historias de terror, hoy en el 2194, los Acuaristas han acabado con casi todos los males existentes del ser humano. Desde que la sociedad se empezó a fracturar y dividirse entre la política y los campos de investigación científica. El poder al final quedó en nuestras manos, en las manos científicas, ya que, para no hacer el cuento largo, digamos que la política ya no era necesaria, porque nos dimos cuenta, que esa institución sólo servía digamos, para unos cuántos. Desde que las barreras del pensamiento, decayeron, muchas de las cosas que antes parecían evidentes, han desaparecido por completo, otras se han transformado en otras alteraciones de nuestro comportamiento. Y aunque todos sabemos que está mal, no nos importa, simplemente nos da igual.
Afortunadamente todos esos males han quedado atrás – dijo el abuelo – Las detestables marcas han muerto, las grandes corporaciones monetarias se han extinguido y sólo existe un mismo producto y es el más eficiente, el mejor equipado y lo mejor de todo, adaptado a la moda de cada individuo.
Es un grandioso sistema, todos somos felices, ya que existe público para todos por extraño que parezca. Todo lo que imagines que harás, en éste nuevo mundo, en este nuevo planeta Tierra, lo vas a poder realizar. Y entre los Acuaristas, existe una leyenda, que sólo los Acuaristas conocen y entienden y la cuentan más o menos así:
En un espacio que supera la tercera dimensión, en los confines del universo, dónde las ondas de sonido viajan por el espacio, chocando con diminuto espacio, creando universos y estrellas. Creando más espacio, creando más probabilidad, en uno de esos universos, en alguna de esas realidades, había un universo diferente, con propiedades distintas, pero se encontraba en el mismo espacio, dónde vivían seres diferentes, como fantasmas y su mundo como el de una bolsa de aire, pero sin la bolsa. sólo el aire. La bolsa invisible y capa protectora, los mantenía ocultos, del universo que nosotros conocemos.
Estos seres si mal no recuerdo, eran ojos individuales, solitarios ojos que iban y venían en su ciudad perfecta, llena de sabiduría, los ojos desempeñaban ciertos trabajos, para satisfacer a su sociedad. Pero todos trabajaban para todos, excepto algunos de ellos.
Esos eran más inteligentes que los demás. Pero aún así, eran ojos, exactamente iguales a todos los demás. Un ojo desde su nacimiento, aprende a comportarse en su sociedad, por el simple hecho de observar, y mediante la observación, puede razonar ciertos comportamientos y así adaptarse a su entorno y convivir sin mayor problema con sus semejantes. Los ojos más inteligentes, los que llegaron a buscar propósito, se dieron cuenta de que no importaba, si dejaban sus caminos de rutina o sus trabajos, no pasaba nada y todo seguía igual, pero de todos modos eran ojos, tenían que seguir con esa estructura, aunque sabían que no servía para nada, pero era su medio de estar cerca de otros seres iguales a ellos, no estaban solos, porque aunque los aburría la monotonía de la rutina, se llegaban a encariñar con otros ojos, que compartían mismas rutinas y a establecer rutinas nuevas, inclusive.
Esos eran más inteligentes que los demás. Pero aún así, eran ojos, exactamente iguales a todos los demás. Un ojo desde su nacimiento, aprende a comportarse en su sociedad, por el simple hecho de observar, y mediante la observación, puede razonar ciertos comportamientos y así adaptarse a su entorno y convivir sin mayor problema con sus semejantes. Los ojos más inteligentes, los que llegaron a buscar propósito, se dieron cuenta de que no importaba, si dejaban sus caminos de rutina o sus trabajos, no pasaba nada y todo seguía igual, pero de todos modos eran ojos, tenían que seguir con esa estructura, aunque sabían que no servía para nada, pero era su medio de estar cerca de otros seres iguales a ellos, no estaban solos, porque aunque los aburría la monotonía de la rutina, se llegaban a encariñar con otros ojos, que compartían mismas rutinas y a establecer rutinas nuevas, inclusive.
Pero en este reino, no sólo habían ojos, también habían bocas y tenían su propia ciudad, con su frontera al norte de los ojos. Los ojos no se llevaban bien con las bocas, es por esta razón que los ojos les construyeron su propia ciudad a las bocas, basada en los principios de los ojos. Las bocas tenían vidas más apresuradas, buscaban otros labios para besar y si les gustaba, se quedaban a haber que tenían esos labios que decir. Y de esta manera se comunicaban.
Eran más desordenadas, la información que tenía cada una de ellas acerca de la realidad era confusa, no tenía pies ni cabeza, pero de alguna forma comprendían como estaba la cosa, y se adaptaban a ello, las que hablaban de más, no eran tomadas en cuenta, pero había tantas ideas tan raras, que las más ciertas, podrían ser inciertas.
Eran más desordenadas, la información que tenía cada una de ellas acerca de la realidad era confusa, no tenía pies ni cabeza, pero de alguna forma comprendían como estaba la cosa, y se adaptaban a ello, las que hablaban de más, no eran tomadas en cuenta, pero había tantas ideas tan raras, que las más ciertas, podrían ser inciertas.
Los ojos y las bocas pertenecían a una misma realidad. Pero dentro de éstas realidades, los ojos, tenían su propia realidad, al igual que las bocas tienen la suya. Era imposible hacer entender a las bocas, la realidad de los ojos, ya que las bocas no conocían lo que los ojos veían.
Las bocas lo único que podían hacer, era hablar y hablar, de cosas irrelevantes, de cosas sin sentido, pero totalmente verdaderas para las bocas.
Durante años, se logró formar las bases de su sociedad. Los ojos y las bocas, de una manera indirecta, convivían con los ojos, realizando trabajos administrativos, cosa que los ojos dominaban, pero tenían cosas más preocupantes, por las cuales ocuparse.
Y como en todo Universo, apartado de toda la sociedad, en un lugar del espacio, los pobladores de tan magnifico mundo, tenían a su Dios. Fuerte, poderoso, inteligente y capaz, sin embargo, esto sólo se conocía por leyendas, los Dioses se desvanecieron y dejaron su legado en el mundo. Dejaron lo que se conoce como destino. Decía la leyenda, que cuando el tiempo llegara, los Dioses regresarían a poner un nuevo orden, cuando el salvador llegara, a este universo.
Desafortunadamente, el paso del tiempo, borró la historia de los Dioses, y los ojos y las bocas, de la actualidad, ignoraban la divinidad espiritual. Ningún ojo o boca, conocía lo que era la espiritualidad.
Un día, un ojo despertó, para descubrir las inconveniencias de su realidad, quería llegar, dónde ningún ojo, había llegado jamás. Éste ojo, era de los inteligentes, pero el no lo sabía. La inquietud, lo llevó a traspasar la barrera de su propia realidad. Este ojo entendía, que desempañaba, el trabajo que el había aprendido hacer. Pero no era suficiente. Así que decidió abandonar, las fronteras de su ciudad, para buscar lo desconocido y así fue.
Salió de su ciudad, pasando por la ciudad de las bocas, pasando la mucosidad de las narices y traspasando los pantanos de cerilla, de las orejas. Al final del camino, sólo quedaba el espacio y la infinita probabilidad de sucesos y eventos. Mientras iba avanzando, el ojo perdía visión, poco a poco, mientras avanzaba, se hacía negro y cada vez más negro, hasta que quedó en la oscuridad total. Con miedo, ansiedad, y solitario, el ojo, perdió el camino a casa.
Sin camino, ni dirección, el ojo continuó con su camino, avanzando, hacia la dirección, que desde un principio el escogió. En la infinités de la oscuridad, un cachito de luz, se dibujaba en el horizonte. El ojo prosiguió con más ansiedad, con ganas de descubrir, que era eso, que estaba tan escondido en aquella oscuridad, dónde cualquier camino, podría llegar a ser, una respuesta diferente.
Se acercaba más y abajo de él, observaba agua, pura y cristalina de tonos violetas, rosas y negros y al fondo una hermosa cascada, con los colores del arco iris. El ojo se quedó observando la escena, de una cascada, que parecía infinita y sin proceder de ninguna parte, escondida en la oscuridad total.
El ojo decidido, por probar lo desconocido y con la esperanza de encontrar, algo, más allá de su aburrida y monótona realidad, se deslizó, por la cortina de agua sagrada de los antiguos Dioses y de alguna forma, entendió porque, todos necesitan de todos. Descubrió que los ojos, no podrían existir sin las bocas, las narices o las orejas. Descubrió que todos ellos, deberían estar juntos, por siempre, más no separados, pero por alguna razón, su sociedad estaba separada. Los ojos creían que las bocas, eran inútiles, pero no tanto como las narices o las orejas. El ojo quedó empapado, por las magnificas aguas cristalinas, y por un momento, creyó, que podía hablar.
El ojo, asustado, se quitó las gotas que le impedían ver su realidad y lo obligaban a ver, cosas terribles, cosas que él nunca pensó que existirían.
Y regresó a su ciudad.
Encontró la forma de regresar, nadie lo había extrañado, nadie sabía que se había ido, si el no hubiera regresado, nadie se hubiera dado cuenta que se fue, que se perdió o se extravió.
La visión que obtuvo en la cascada, lo estaba matando. Cómo podría explicar lo que le pasó, si no tenía la habilidad de las bocas, para comunicar. Aunque el sabía que lo que dijera, sonaría como a los disparates que acostumbran decir las bocas.
Al día siguiente, regresó a la cascada, pero no sin antes, llevarse a una boca y a otro ojo, para que le ayudaran a explicar lo que había descubierto. Muchos ojos y bocas, dijeron que no. Ojos y bocas, que se encariñaron con el estilo de vida, que ellos mismos crearon, una mentira. Pero encontró unos labios hermosos y otro ojo, que al igual que él, sabían que los trabajos de los ojos, eran pura rutina y nada necesarios para poder vivir bien.
Encaminados a lo desconocido, los ojos, guiando a la boca, dejaron la ciudad.
La oscuridad empezó a asomarse, la boca no lo sentía, pero los ojos, temblorosos, caminaron hacía lo desconocido.
Poco a poco se fue oscureciendo. El espacio estrellado se iba consumiendo por la noche, hasta que llegaron a dónde ya no era visible nada. Dónde ya no hay nada más que la nada y surgen los pensamientos más brillantes, surgió el pequeño punto de luz en el horizonte y se dirigieron a el.
El agua empezaba a aparecer, agua tibia y tranquila, que remojaban sus píes, haciéndolos sentir tranquilos, la cascada, adelante de ellos, se iba apareciendo.
Llegaron al lugar y los tres, en su interior, sabían que estaban destinados a ese momento. Los tres tuvieron un Dëja Vú, un vago recuerdo, de haberse visto en algún sueño, justo, en ese momento. Los tres, contemplando la fuente de los Dioses con lo que la boca y los ojos soñaban en ocasiones como pesadillas.
Se encontraban en el lugar, dónde terminaban sus pesadillas y después de ahí, sólo abrían puertas abiertas. Nada que los pudiera detener. La completa libertad, el absoluto poder. La iluminación.
Los tres, se dejaron caer de un salto a la cascada, salpicando gotas por todos lados, la sensación de bienestar era evidente, agua tibia, repleta de transformación, que los atrapó y en un remolino, que se alzaba, los tres se volvieron uno.
En ésta fusión se dieron cuenta, que siempre, habían estado juntos y comprendieron que se necesitaban los unos de los otros para poder funcionar, pero no sabían la manera de regresar.
Los ojos veían y la boca, expresaba lo que los ojos veían y de esta forma divina, se crearon los sentimientos y los habitantes de tan magnifico mundo, volvieron a unirse, formando máscaras, y con las máscaras nacieron otras formas de vida. El amor, la tristeza, la envidia, el odio, el sufrimiento, la mentira y la hipocresía salieron a la luz. Las máscaras más sabias, eran las más calladas y las que no eran escogidas para portar el precio de la energía cósmica, se quedaban entre el mundo de los ojos y las bocas. En un limbo espectral, dónde a pesar de que eran máscaras divinas, no tenían la fuerza o el valor, para ejercer su poder, aunque sabían que lo tenían.
Al principio, los seres de ese universo, se dieron cuenta, que podían unirse y volverse uno, la mayoría de los ojos se transformaron, pero no todas las bocas quisieron, les daba miedo, dejar de ser lo que eran.
Incluso las máscaras, extrañaban cuando eran ojos y bocas, narices y orejas por separado. Sólo les quedaba el vago recuerdo, de como eran antes. Pero ya era muy tarde. Los pensamientos se formaron y se consolidaron. Y sólo quedaba en recuerdos, lo que era estar, del otro lado de la barrera del pensamiento.








