Odisea Espacial – New Era
El Sol se oculta en una noche en el Valle de México, toda la
gente está de fiesta. No hay nubes en el cielo y el viento sopla. Los arboles
altos y húmedos y la basta maleza que es testigo de la ceremonia. Plantas,
insectos, animales se refugian en sus casas, con sus familias. A lo lejos suena
el rugido de un jaguar. Los músicos tocan los tambores mientras la gente baila,
una mujer en medio de toda la multitud, al ritmo de la música, desprende sus
ropas y las avienta a la hoguera. El fogonazo atrae los ojos de los mejores
guerreros y posan sus ojos en el cuerpo desnudo de la mujer que se agita al
ritmo de los tambores. Uno de ellos levanta su copa de vino y la mujer ve que
le ofrece su cáliz y acepta.
Se encontraba en el
Templo Mayor mientras la turbia lo alababa. Se postró a las orillas del templo
y alzó las manos. La gente aplaudía y lo alababa. Recordaba los momentos
trágicos de su vida. Un hijo odiado por todos sus 400 hermanos. Huitzilopochtli
la deshonra de su madre. La Tierra, una mujer muy bella y fértil de rasgos
delicados y suaves, que fue fecundada por una esfera de plumas azul que cayó
del cielo, dando a luz a Huitzilopochtli. Nacido de la deshonra, creció al
margen de sus 400 hermanos. Aun recordaba cuando el mismo asesinó a sus
hermanos. La mayoría de ellos cayeron bajo su poder y sus habilidades de
combate. Teniendo 21 años, era el líder
del imperio más poderoso de toda América.
-
Su santidad – anunció el clérigo más poderoso de
los mexicas.
Huitzilopochtli tomó sus capas y se giró, dejando a la
turbia de espaldas.
-
-CALLAOS! – replicó furioso por la intromisión
inesperada del clérigo.
-
- Lo siento, su santidad pero se acerca el momento.
Tomó sus capas y las tiró al suelo. A lo lejos, el último
rayo de Sol se desvanecía poco a poco y se filtraba por las montañas dejando
escapar el último suspiro de la mañana.
-
- El momento se acerca y con ella la hora de la
verdad – Dijo Huitzilopochtli al clérigo mientras saca la cabeza de su hermana
de una canasta – Es momento de que la Luna regrese a nosotros y las cosechas de
maíz sean fructíferas para todos.
Se volvió a las orillas del
templo con la cabeza de su hermana en la mano mostrándola a toda la gente que
lo aplaudía y lo idolatraba. Se posó unos momentos observando todo el festejo.
La mayoría de los hombres que se podía sostener participaba en orgias. Era el
festejo de la fertilidad y era una obligación religiosa participar.
-
-¡SILENCIO! – Gritó con desesperación y los
tambores dejaron de sonar, el pueblo dejó de festejar y volteo los ojos a lo
alto del templo.
-
- Los planetas se han alineado y con ello el
inicio de una nueva era – Aventó la
cabeza de su hermana a los cielos y cuando el último rayo de luz se dejó de ver
en el horizonte, brotó la Luna y con ella los sonidos de los tambores y los
gritos de las mujeres volvieron a aparecer. El pueblo se encontraba de fiesta.
Huitzilopochtli se abrió de brazos recibiendo los aplausos y
gritos de su gente que lo alababan mientras contemplaba el paisaje.
Tomó sus capas que había tirado al piso y se retiró del
templo a sus aposentos reales. La ceremonia apenas estaba empezando. Abrió la
cortina de su recamara que estaba alumbrada con un par de antorchas y pudo
distinguir el cuerpo de Xochiquétzal que lo estaba esperando con una vasija en
las manos. La única mujer de Huitzilopochtli, la diosa de la belleza, las
flores, el placer amoroso y las artes.
- Ven, acércate
Huitzilopochtli se aferró a sus capas mientras pasaba
nervioso a lado de la mujer más poderosa del imperio Mexica. Tomó asiento
mientras observaba a Xochiquétzal sacar un plato más pequeño y con su mano
derecha untaba lo que sacaba de su vasija.
-
- ¿Qué estás haciendo? – Preguntó Huitzilopochtli
-
-Estoy haciendo al hombre más poderoso de esta
nación – replico con seguridad
-
-¿Qué es eso que estás preparando?
-
-Abre la boca, con cuidado – Tomó un poco del
ungüento en sus dedos y se lo dio de comer.
-
Sabe raro – Xochiquétzal le tapó la boca.
El corazón del guerrero empezó a latir con gran fuerza y la
taquicardia iba en aumento, mientras la Diosa del amor recostaba al supremo.
Huitzilopochtli estaba casi inconsciente y no sabía donde se encontraba. La
Diosa Xochiquétzal se quitó su vestido a los ojos del monarca y dejo a la vista
su hermoso cuerpo.
El sexo es poder – anunció Xochiquétzal mientras tomaba un
poco de aquel ungüento mágico y se lo metía a la boca. Se recostó a un lado del
monarca - Es lo más poderoso del universo. Nunca olvides eso.
Tomó su pene en la boca, lamiéndolo suavemente como si fuera
un caramelo. Tuvo una erección al instante y sintió que el sudor afloraba en su
frente. Se apagaron las antorchas mientras sus talones resbalaron en la gélida
tersura de las sabanas y su nariz se llenó del perfume de Xochiquétzal, pensó
en su madre que le prohibía desde pequeño ver a Xochiquétzal y le dieron ganas
de coger a Xochiquétzal mucho, muy fuerte.
-No – dijo ella, apartándole la mano de su pecho-. Siempre
me has dado todo. Ahora es mi turno.
Lo empujó y lo tendió de espaldas, con los brazos por encima
de la cabeza y pasó sus uñas por la delicada piel de las costillas. Después
empezó a moverse por su cuerpo, rozándolo con sus labios, sus pechos y las
puntas de sus cabellos hasta que sintió su piel tan caliente como para brillar
en la oscuridad. Entonces, finalmente, se sentó a horcajadas sobre él y dejó
que la penetrara.
Estar dentro de ella le dio una descarga de adrenalina.
Empujó con sus caderas y ella se inclinó con todo el peso apoyado en sus brazos
y el cabello cayendo en cascada alrededor de su cabeza. Entonces con lentitud,
alzó los ojos y lo miró fijamente.
-
-Soy Xochiquétzal – dijo- . Soy la diosa. Soy el
poder.
Huitzilopochtli se dejó caer en un mar de confusión que no
podía entender, apenas lograba mantener su consciencia viva y se dejó perder en
un sin fin de sueños. Se quedó dormido.
Al recobrar la consciencia, se dio cuenta de que alguien
había apagado las antorchas de su recamara y Xochiquétzal había desaparecido,
apenas recordaba lo que había pasado. Se asomó por la ventana de sus aposentos
y se quedó viendo a la Luna, su hermana.
El cielo estaba despejado y claro, el viento helado recorría
todos los agujeros de las bestias y quitaba los excesos de agua de las hojas de
las plantas. A los ojos de las 12 constelaciones, se quedó viendo una estrella
que nunca había visto y que iluminaba más que las demás. La estela de luz se
iba haciendo cada vez mayor y la estrella se hacía más brillante.
Faltaban 3 horas para que el Sol volviera aparecer y
Huitzilopochtli advirtió que lo que estaba viendo no era una estrella. Se
acercaba a una gran velocidad a la Tierra, hubo una pequeña explosión y seguido
de eso le salieron plumas que disminuían la velocidad de aquella cosa que llegaba
del espacio exterior. La nave había aterrizado y Huitzilopochtli salió a toda
velocidad a buscar el objeto caído del cielo.
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Escrito: @LeMotiu
Fotografía: @CamilaRevueltas
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