martes, 23 de septiembre de 2014

Odisea Espacial (capitulo 6)

Odisea Espacial – Braulio.


Dos cuerpos se encontraban en una ligera cama con colchas y sabanas aterciopeladas de color gris, un hombre y una mujer, se encontraban desnudos en algún departamento.
El hombre se despertó y se quedó contemplando el cuerpo de la mujer. Seguía dormida. El se acercó a ella y le quitó las cobijas de encima, descubriendo su senos. Su vestido, estaba tirado a lado de la cama, junto con sus tacones y su ropa interior.

La mujer sintió el frío entrar a su cuerpo, haciendo que reaccionara y poco a poco empezó abrir los ojos.

–Estás bien – Le preguntó

–Si ¿En dónde estoy?

–No finjas, que ayer en el antro estabas consciente y accediste a venir a mi departamento.

–¿Braulio?

–Así es, y voy a necesitar que me hagas un favor – le dijo Braulio – Necesito que dejes mi departamento ahorita mismo.

–Qu

Braulio desenfundó su Desert Eagle una hermosa automática y le apuntó a la cabeza.

–Necesito que dejes mi departamento, ahorita mismo.

–Voy a llamar a la Policía.

–JAJAJÁ Yo soy la Policía niña.

La pobre mujer salió de la cama y se fue casi desnuda tropezándose en todas partes. Braulio aventó la automática a la cama.



–¿Saben lo bueno de las mujeres hermosas? Lo único bueno es eso.

Braulio se metió a dar un baño, en su bañera hecha de cristal arquitectónico y al salir, se empezó a vestir para el trabajo.

–Otra día más en esta ciudad, vaya, vaya, vaya México, Distrito Federal – Lo decía mientras hacia el nudo de su corbata negra – ¿Qué es esto? Esto no es un buen nudo. Un nudo de corbata tiene que tener carácter, si no queda bien, hay que hacerlo demasiadas veces hasta que uno quede contento con el resultado, es mi etiqueta. Es como las demás personas me van a ver y me van a recordar. Eso es muy importante, quiero que me recuerden hasta el último detalle.

Ahí estaba Braulio, a costas de la ventana de su lujoso departamento en Santa Fe, viendo la ciudad, petrificado observando el movimiento y el ruido, mientras se concentraba en que el nudo de su corbata quedara perfecto.

Pasamos por aquí, acomodamos, un poco y estiramos. ¡Listo!

–¿Saben? Les contaré algo de mí, mi nombre es Braulio, me escapé de Cuba y vine a parar en la hermosa y atascada ciudad de México. Se preguntaran como un simple cubano como yo ha podido pagarse un lujoso departamento en Santa Fe ¿Saben? No sé si exista un Dios, no sé que haya más allá de la muerte, pero mientras esté vivo haré lo necesario.

Mientras recogía las llaves de su Mercedes Benz clase CLA que se encontraban en la mesa del comedor.

Cerró su departamento y le puso clave. Picó el botón del ascensor. Así es, Braulio vivía en el Pent House.

–Hay una frase que dice "ama tu trabajo y ganaras mucho dinero" jajajá ¿Qué tan cierto será? Lo cierto es que amo mi trabajo. Y puedo presumir que soy el mejor haciéndolo.

El ascensor llegó al sótano donde lo estaba esperando su hermoso Mercedes plateado.

Un mensaje desconocido llegó a su iPhone.

–ok ok, entendido – Braulio respondió. – Ahorita mismo voy para allá ¿Saben? en Cuba he visto cosas, he vivido en la inhumanidad, he visto la inhumanidad ¿y saben? Aquí en México es diferente. ¿Qué es lo que está bien y lo que está mal? Hay algún parámetro para calificar las cosas como buenas o malas ¿Acaso es la moral? ¿Por qué si nos vamos a la India, según lo que he escuchado, es que ahí los hombres apedrean a las mujeres hasta morir. Pero en este país si haces eso, te meten a la cárcel. En algunas partes del mundo lo correcto, es lo incorrecto y en otras partes del mundo es al revés ¿Qué diablos? Ahora entiendo que hayan tantos informes de suicidios al año y no los culpo por suicidarse. Con tanta corrupción, con tanta confusión ¿Qué se puede esperar de esas almas que no pueden con el cambio? Lo único seguro es que todos nos vamos a morir, uno no decide cuando. ¿Qué? ¿Dónde dejé mi Desert Eagle? Maldita sea ¡MALDITA PUTA! La dejé en el departamento. Maldita sea, ¿Saben? Algo que he descubierto a mis 25 años de edad, es que existen dos tipos de hombres. Los que hacen las cosas y los que ven a otros hacer las cosas. Es muy curioso, porque yo amo mi trabajo y por suerte tengo armas y pistolas por todas partes. Aquí en mi Mercedes cargo con tres. Mis preciosas niñas.

Braulio abrió la guantera de manos y tomó una magnum nueve milímetros. De la misma guantera, recogió unos delicados guantes de piel negra, que se ajustó entre las manos.

–¿Saben? Qué es todo esto de la sociedad, ¿Qué es la sociedad? Porque las personas siguen a todo esto de la sociedad, van caminando por el mundo viviendo en un escenario que se repite una y otra vez sin preguntarse de su existencia y preguntándose a su paso puras cosas estúpidas que no tienen mucha importancia. Todos se preocupan del prestigio social jajajaja año 2001 yo creo que esta sociedad ya está destruida. La hipocresía y la falsedad de los padres y la hipocresía y falsedad de los hijos ¿Cuántos años faltaran para que los hilos de la moral y de los valores se desvanezcan? A la mierda todos ellos, a la mierda.

Braulio por fin llegó al lugar, un pasillo profundo y oscuro, con las paredes llenas de graffiti, al final se encontraba una portezuela, ahí se encontraba la lavandería, algo vieja y escondida. Braulio bajó su nueve milímetros y la metió a su saco.



–A mis 20 años me identificaron trastorno de bipolaridad y ¿saben? jajaja no me importa, si no fuera por la vocecita de mi cabeza, ahorita seguiría en cuba lavando platos y limpiándole la mierda a alguien más. Por lo menos aquí me dan lo necesario – Braulio debrayaba – Yo hubiera sido de aquellos que se hubieran suicidado al enterarse como se maneja la sociedad. Como se maneja el mundo, como se maneja el poder. Las personas que tienen poder, cualquier tipo de poder, propietarios, millonarios, políticos o simplemente ser padre, ser madre, inclusive profesor de secundaria, preparatoria o universidad, algún pedacito de poder que se les otorgue. Los destruye por dentro, los ciega de lo que es el mundo. Creen que porque tienen poder, tienen derecho de hacer que los demás se inclinen y reverencien ante ellos. La gente se mata por el poder. jajaja ¿injusticia? Yo lo llamaría naturaleza humana. Si no sería un cubano más, un cubano por el cuál nadie daría ni un céntimo. Pero mi posición me la he ganado con esfuerzo y lo que me ha costado, me ha costado, con sus sacrificios y libertades – Braulio justificaba sus acciones.

–A la mierda todo eso, a la mierda las personas, a la mierda la vida.

Braulio tocó la puerta de la lavandería, mientras ajustaba el silenciador y se la colocaba a su nueve milímetros. Una magnifica pistola plateada. Con mango fuerte y gatillo suave, de esos que disparan con tan sólo poner el dedo encima.

Una señora se asomó por la ventana de la puerta.

–Buenas tardes, quiero lavar mi ropa – dijo Braulio, sin miedo, sin prisa, sin ansiedad, tranquilo como el agua.

–Ya cerramos joven, vuelva mañana.

–Braulio apunto en un abrir y cerrar de ojos la nueve milímetros con el silenciador a la frente de la pobre mujer. Sin titubear dos veces tiró del gatillo.

La mujer cayó al suelo con la bala entre la sien y Braulio entró en la lavandería, abrió una cortina que daba hacia las máquinas de lavado, y caminó despacio hasta ahí, se encontraba un niño viendo televisión.

–Oye niño, soy amigo del jefe ¿Sabes dónde está?

El niño señaló una puerta que estaba enfrente de él.

–Muchas gracias – Braulio tomó su nueve milímetros y disparó al menor sin ningún remordimiento alguno.

–Odio que los testigos tengan que ser niños, pero el trabajo es el trabajo, no queremos a esas larvas de la prensa, preguntándole a los testigos sobre mí. Es mejor no dejar ninguna evidencia. Le ahorro el trabajo a muchas personas de encontrar respuestas. Eso yo le llamaría utilidad. – Braulio murmuraba.

Se postró sobre la puerta que el niño le señaló, recargando su oreja izquierda sobre ella, mientras trataba de dibujar en su mente la posible situación que se encontraba justo del otro lado de la puerta.

–Utilicemos el factor sorpresa – Se alejó de la puerta y dio una patada tan fuerte que la rompió.

–¿Qué pasa aquí? – gritaron los del interior.

Justo cuando se iba armar el tiroteo, Braulio disparó acertadamente a cada uno de los tres individuos, incluyendo al jefe. Tan sencillo como eso.

–Casi mis amigos pistoleros, pero no fueron lo demasiado rápido para vivir. –Braulio festejaba mientras guardaba su pistola en el saco y se quitaba los guantes de piel negra – Afortunadamente. ¿Saben? La gente se la pasa criticando a otras personas, la gente siempre quiere más y más y más y siempre buscan tener más. Qué mal están todos, no sé si lo que hago está bien o mal. Pero algo es seguro y eso es la muerte. Qué más da que tengan muchísimo dinero si van acabar muertos, estúpidos. Creo que por esta razón amo mi trabajo.

Abrió la cortina y se retiró de la lavandería.

Volvió a su Mercedes y se dio a la fuga.

–Malditos traficantes de drogas, creen que se pueden esconder y que el gobierno no los va a encontrar – justificaba Braulio su trabajo – La vida y la muerte, que tema, que dicha y que desgracia. Mientras hay personas que construyen un futuro mejor, hay otras que van a intentar destruirlo, antes de que sea demasiado tarde. Yo descubrí este problema y mejor trabajas para el bando que nunca va a perder. El gobierno. Y me gusta que se cumpla la ley – Braulio murmuraba entre dientes, mientras tomaba el puente para tomar el segundo piso del periférico.



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Escrito: @LeMotiu
Fotografía: @CamilaRevueltas


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