domingo, 28 de septiembre de 2014

Odisea Espacial (capítulo 8)

Odisea Espacial - La ilustración.



Año 2014
Ciudad: México.

Braulio se lavaba la cara en su nuevo departamento en Satélite. En el trabajo le estaba yendo muy bien. No había persona capaz de oponerse a su frialdad y su manera de asesinar personas.

–¡Diablos! me corté – anunció Braulio mientras se afeitaba la barba y el bigote – Maldita sea ¿Qué sentido tiene que siga haciendo mi trabajo? Si ya tengo todo lo que he querido en esta vida – Braulio se puso a pensar – Me acuerdo cuando era pequeño y veía películas de acción y de Gangsters que subieron al poder por medio de corrupción y violencia, esos capos lo tenían todo, dinero, mujeres, atención. Siempre acababan muertos por su propio gobierno al cual defraudaban. Por suerte aprendí de ellos y trabajo para el gobierno y su nueva división del CNI. ¡Vaya que como avanza la tecnología! ¿Qué es todo esto del internet? Las ondas de Wi fi y bluetooth. Patrañas, yo no necesito tecnología para vivir feliz. No necesito personas para ser feliz, yo solo puedo serlo sin la ayuda de alguien más. Tal vez es momento de encontrar una mujer y retirarme del negocio – Braulio entonces recordó a su antiguo amor de Cuba, Melissa, la mujer que le rompió el corazón – ¡NOOO! ¡A LA MIERDA LAS MUJERES! – Braulio gritó con enojo y furia aventando el vaso de agua con el que remojaba su rastrillo estrellándose y explotando en todas direcciones. Se miró al espejo, viendo su cabeza, calva, su cara sin mucha expresión, quedándose perdido en el reflejo de sus ojos – ¿Quién soy? – se preguntaba – ¿Qué es todo esto? ¿Porqué no puedo ser feliz? – viéndose al espejo mientras una lagrima le escurría del ojo – ¿Porqué no puedo ser feliz con otras personas?

Tanto dolor se le juntó a Braulio y sus recuerdos en Cuba. Recordaba cuando era niño y su mamá era golpeada por sus jefes del trabajo, su madre, una prostituta que lo único que quería era que su hijo, fuera exitoso y saliera de su país en busca de una vida mejor.

–Braulio, mi vida, el mundo es cruel, pero tienes que ser fuerte, tienes que seguir adelante. Tienes que salir de aquí. – Su madre le decía – No tengas miedo al fracaso, no tengas miedo de nada. No habrá peor pesadilla que ésta en la que estamos viviendo.

La madre de Braulio una prostituta atractiva de Cuba que lo poco que le dejaban sus jefes, lo invertía o lo guardaba con un amigo suyo, con el plan de que en el futuro, los ayudara a escapar de su país. Constantemente Braulio sufría la humillación de soportar cómo los jefes golpeaban a su madre por una cantidad mínima de dinero que ella escondía para darle unos cuántos lujos a su hijo. Y el veía los azotes y las caras de furia de esas personas que golpeaban a su madre sin el mayor remordimiento, sus ojos ardían con el sonido de los azotes de furia y frustración de no poder hacer nada.

Su madre murió cuando el tenía 15 años.

El sabía que algún día iba a regresar con su madre, después de la vida, así iba a ser. Regresaría de la vida y se juntaría con su madre en la muerte, como una persona exitosa, con una buena familia y un buen nivel de vida. Pero el trabajo de Braulio fue en decadencia por sus acciones que lo quitaron del camino y le quitaron su esencia humana.

Tomó una escopeta a escondidas de una cantina de licores rancios y se la llevó a dónde dormía, un pequeño cuarto oscuro, de ladrillos grises y cemento sin despuntar, con olores a orines y a borracho de vecindad.

Se quedó esperando el momento de atacar

–BRAAAULIO ¿DÓNDE ESTÁ ESE MUCHACHO HIJO DE PUTA? – Gritó uno de los jefes de su madre, con el que Braulio se quedó en servicio –  ¿Dónde estás muchacho? ¿o vas a querer que te pase lo que le pasó a tu madre por no hacer bien su trabajo?

Braulio con todo el enojo del mundo y rechinando los dientes y con el ceño fundido tomó la escopeta y la levantó.

–Aquí estoy, hijo de puta – Braulio anunciaba mientras su dedo indice se deslizaba por el delicado gatillo de la escopeta.



Un fuerte boom y el cuerpo de su patrón salió disparado, destrozándole el vientre y los huesos. Braulio mató a uno de los agresores de su madre.

–NOS ATACAN LOS COLOMBIANOS – gritó el segundo jefe que se encontraba en otro cuarto de la habitación, no tenía idea que no eran los colombianos, si no el mismísimo Braulio, un chamaco timido nacido de una prostituta, sin objetivos ni metas en la vida.

Braulio se quedó en shock viendo el cuerpo mutilado por la escopeta. La adrenalina se disparó de su torrente sanguíneo. Había perdido la noción de la realidad, su corazón bombeaba con fuerza, las pupilas se le dilataban, casi se desmaya, pero algo en su cabeza lo hizo reaccionar.

–Braulio ¿Qué estás haciendo con esa escopeta?

Braulio estiró el cargador de la escopeta hacia arriba y tiró con fuerza hacía abajo. Así es, la escopeta estaba otra vez cargada y lista para volver a matar.

Apuntó a la dirección del segundo jefe levemente, cerró los ojos.

–¿Braulio? ¡No por favor!

Braulio levanto la mirada un poco hacía arriba, el patrón pudo observar como las pupilas se le ponían en blanco, mientras intentaba la manera de buscar escondite, pero no lo había, pudo ver los ojos de Braulio, como si estuviera poseído por la maldad y el diablo mismo. Sonrió levemente, mientras un escalofrío de libertad le recorría el cuerpo.

Ese mismo día, otra persona nació. La frialdad, el enojo, la frustración del poder y sentir el poder mismo de quitarle la vida a alguien lo hizo entender el mundo y fue la motivación necesaria para salir de su país en busca de oportunidades. México era el país que lo necesitaba.

Braulio disparó el gatillo y reaccionó.

Se volvió a encontrar él mismo, viéndose en el espejo, mientras se afeitaba la barba y veía el ligero corte que se hizo.



–¡CARAJO, CARAJO! – empezó a golpear el lavabo con sus manos en forma de puño. – Empezó a pensar – Alguien tiene que matar a todos esos hijos de puta que hacen el mal. Ese alguien tengo que ser yo.

Braulio recordaba a su madre y las últimas palabras que le dijo. Nos volveremos a ver después de la vida, hijo mío, no te preocupes por la muerte, nos volveremos a encontrar.

Fue en ese mismo instante que recordó lo que le había pasado hace trece años. Cuando tres personas desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.

Lo curioso de las tres personas que desaparecieron de su vista, ese mismo día, fue que las volvieron a encontrar. En realidad las personas que desaparecieron de la vista de Braulio, volvieron aparecer en lugares completamente diferentes. Fue aquí cuando Braulio empezó a enloquecer de verdad.

Así es, los cuerpos que usaron Nerovica, el Ohm y el capitán, los volvieron a encontrar. Se habían teleporteado a otra parte. El gobierno mexicano capturó a estas personas interrogándolas hasta el cansancio, ninguna de las 3 personas sabía lo que había pasado.

Los tres, que fueron interrogados en cuartos totalmente diferentes, mencionaron el mismo testimonio.

"Me encontraba yendo al trabajo, cuando mi mente voló libre de mi cuerpo"

"Estaba paseando a mi perro, cuando me encontraba en otro lugar, todo era tranquilidad"

"Estaba llegando a mi casa cuando me dormí y volví a despertar y me encontraba otra vez aquí"

Estas personas no sabían que les había pasado, el único fenómeno visible, fue que estaban en un punto y volvieron aparecer en dónde se encontraban.

Los científicos tuvieron en mente, la posibilidad de que viajaron en el tiempo y una fuerza responsable la que los sacó de la tercera dimensión, haciendo que la paradoja de continuidad de tiempo y espacio siguiera su curso.

Pero no había pruebas para demostrar tal cosa.

Braulio se había obsesionado tanto por este caso a un grado que había perdido el cabello. ¿Será posible viajar en el tiempo? O son espíritus que habitan entre nosotros en otra dimensión – Braulio se cuestionaba.

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Escrito: @LeMotiu
Fotografía: @CamilaRevueltas





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